La vida entre farolillos

A pocos días de que comience la Feria de San Lucas de Jaén, los feriantes preparan su última gran cita de la temporada, antes de que se apaguen las luces de unas historias pegadas a una caravana

 

 

 

 

 

 

 

Vidas que merece la pena descubrir. Se repite año tras año, pero nadie escapa a su celebración, se acerca de uno los momentos más esperados por todos los jiennenses, la capital se viste de lunares para acoger la celebración de la Feria de San Lucas, la de todos los habitantes de la tierra verde. Pequeños y mayores se acercan al recinto ferial para dejarse embriagar por los farolillos, los vinillos que a más de uno le hacen protagonizar escenas para el recuerdo, el tren de la bruja para los más clásicos y otras tantas atracciones para aquellos que prefieren la aventura, el delicioso algodón de azúcar, las almendras y la fiesta entre amigos y familiares.

 

Una edición que contará con el chef Pedro Sánchez como pregonero, incluirá conciertos como el del artista Leiva, la cabalgata recuperará el himno de Jaén, volverán los tradicionales día del niño y corridas de toros y, como novedades, buscará ser más limpia y no tendrá botellón. Del 12 al 20 de octubre por el pórtico de la feria pasarán compañeros de trabajo, familias con sus pequeños, los mayores de cada casa o visitantes que tienen una cita con el patrón de los jiennenses para disfrutar de una jornada festiva muy especial debido a que se trata de la última de la temporada. Para que todos los amantes de esta festividad puedan volver a su más tierna infancia o juventud por unas horas, hay un gran número de “magos” que se encargan de preparar cada detalle, sí, los feriantes, esos valientes que llevan la casa acuestas de municipio en municipio y en cuyo trabajo recae la sonrisa de todos los que acuden a lo que para ellos es su hogar.

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Acostumbrados a la vida nómada, siempre con las caravanas como sus grandes aliados, son los primeros en llegar al recinto ferial y los últimos en marcharse. Algunos de ellos pasan por las principales ferias de la provincia y de fuera de ella, arrancan en abril o mayo y no guardan los aperos hasta octubre, con apenas unos días entre una cita y la otra para pasar por casa a recibir el cariño de los suyos, aunque también los hay que se llevan a toda la familia. La mayoría reconocen que viven mucho mejor que antes, que las condiciones han cambiado mucho, pero que es una vida sacrificada y que hay que “amar” realmente la feria para volver año tras año. Es el caso de Lázaro Ayuso, que desde que en 2002 adquirió uno de los tan demandados puestos de vino dulce, llamado “Los Baturros” se recorre las ferias acompañado de sus dos trabajadores. “A mí me llamaba la atención esa vida y decidí probar, ahora los feriantes vivimos mucho mejor que antes, en mejores condiciones”, asegura, aunque reconocer que lo más “duro” es estar fuera de casa por lo que aprovechan los parones de uno o dos días para estar con los suyos. Para conocer de cerca como se vive la feria desde dentro, lo mejor es desgranar como se organizan.

En el caso de Ayuso y su equipo tienen organizada la ruta y suelen ir siempre a los mismos lugares. Ellos comienzan en mayo en la provincia, en La Carolina, y van de seguido hasta San Lucas que es donde terminan. Dentro de la provincia están presentes, además de en los dos municipios anteriores, en Linares, Andújar y Úbeda. Fuera de ella también llevan sus barquillos en otros lugares, como Granada o Ciudad Real, entre otros. Asimismo, los visitantes siempre los encontrarán en el mismo lugar, pues las concesiones se reparten según antigüedad. “Yo compré el puesto hace cerca de veinte años a un señor que llevaba mucho tiempo en la feria por lo que tengo sus derechos, si se hace un cambio se vuelven a repartir según la antigüedad de cada feriante”, relata. Una vez preparados y ya encendidas las luces, la jornada de la mayoría comienza al mediodía, en la llamada feria de día y ya no echan la persiana hasta la madrugada, especialmente los fines de semana cuando la “peoná” puede alargarse hasta las cinco de la mañana.

Eso sí, no todo son “penurias” como él mismo afirma. “Es una trabajo que compensa cuando te gusta el contacto con los demás, el ambiente y demás”, confiesa. En esto coincide con otro feriante al que la profesión le viene de casta, Federico Gaitán. En su caso, propietario de algunas atracciones como el tan entrañable tren de la bruja, manifiesta que “las sonrisas de los niños, la alegría de sus familiares o ser testigo de la diversión de la gente, compensan los malos ratos”. Ambos forman parte de lo que consideran una “gran familia” y no es de extrañar, pues la mayoría pasan meses trabajando juntos, se ayudan y apoyan en lo que pueden y comparten fatigas y alegrías. “Estamos muy unidos y es algo esencial”, asegura Ayuso. Por su parte, Gaitán describe que “las puertas de las caravanas están abiertas todo el día para el resto de compañeros”. A pocos días de cerrar la temporada hasta el próximo año, aún les queda la última y una de las más cotizadas de la provincia, la de su capital. “Es una feria muy bonita, con mucho gusto. Al ser la última, los vecinos la acogen con muchas ganas y a lo largo de los días podemos reconocer muchas caras que nos hemos encontrado durante la temporada en los distintos municipios en los que estamos presentes”, relata el propietario de “Los Baturros”, que define al público jiennense como “encantador”. Como elementos a mejorar, reitera algo de lo que se ha hablado mucho en las últimas ediciones, la decadencia de la feria de día en favor del centro de la ciudad, algo que “debe cambiar”.

 

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A falta del último encuentro, el balance de la temporada para este feriante es “positivo”. “No estamos como en los años anteriores a la crisis, en los que hemos sufrido mucho, pero sí que creo que en general no nos ha ido mal”, confirma. Una vez que San Lucas llegue a su fin y el escenario baje el telón, tocará hacer un parón hasta el próximo año. Los feriantes aprovechan esos meses para trabajar en otros oficios, tales como el olivar en aquellos casos en los que cuentan con alguna finca, como es el ejemplo de Lázaro Ayuso que se dedica a mimar los olivos en Navas de San Juan, otros trabajan como transportistas o, ejemplos como Gaitán, siguen llevando el espíritu festivo a algunos municipios, como es el caso de Úbeda, a través de su “Ciudad de los niños”, un espacio mágico instalado en los Jardines del Hospital de Santiago en el que disfrutar de una pista de hielo, entre otras muchas más actividades durante la época navideña. Esas son sus otras vidas hasta que el calendario avanza y llega marzo, es el momento en el que comienzan de nuevo los preparativos de los distintos puestos que comprondrán las ferias y fiestas de la provincia para que estén al completo al comienzo de la temporada. Es en ese momento cuando le entra el “gusanillo” a los feriantes, según confirma el propio Gaitán, al que le invade el ambiente festivo que vive durante meses cada año. Uno de sus momentos favoritos es cuando se acercan los pequeños, los verdaderos protagonistas, y sus caras de alegría y sonrisas le llegan al corazón compensando a este nómada que se ha criado entre recintos feriales.

Un pequeño resumen de unas vidas llenas de aventuras, anécdotas, algunos malos ratos y muchos kilómetros para llegar y repartir felicidad en los pueblos y ciudades de España. Son los feriantes, los valientes que un día dejaron el calor de casa para hacer de la vida nómada la suya, para ganarse el jornal y demostrar que hay historias de sacrificio que hacen feliz la de los demás, por lo que sí hay alguien que merece que lo llamen “trabajador”, ese es el feriante.